José Cabello Calvo: Día 12 de octubre

8

Alegoría del Descubrimiento de América

Queramos o no, esta fecha histórica mueve la fronda del árbol genealógico de todos los hispanoamericanos. Ese venturoso día para la Humanidad hizo su entrada silenciosa al bullicio de la Historia Universal el 4º Continente de los cinco que componen el planeta Tierra. Pues cuando el rubicundo Efebo tendió su rubia cabellera por el mar de las Antillas, en la aurora de su gira diaria, descubrió unos extraños visitantes en las playas de Guanahaní.

Recibió complacido el culto acostumbrado de los indios y también el saludo agradecido de los visitantes, y con sus benéficos rayos solares alumbró el lugar paradisíaco para todos, protagonistas ambos de la más bella historia de la Humanidad, después de la más bella noche del Mundo que en Belén, un humilde lugar de Palestina, nació su Salvador, por lo que celebraron perpetuar tan maravilloso acontecimiento cambiándole el nombre a la isla por el de San Salvador, recitando la plegaria de los marineros de Colón al alba:

“Bendita sea la luz

Y la Santa Veracruz

Y el Señor de la Verdad

Y la Santa Trinidad.

Bendita sea el alba

Y el Señor que nos la manda.

Bendito sea el día

Y el Señor que nos lo envía. Amén

Fin último de la Conquista y de la Evangelización

Tras Colón se vino España, se vino la España de la Reconquista, los conquistadores en busca de más tierras de infieles que ganar para los Reyes Cristianos.

Y se vinieron los monjes y los frailes, en busca de más infieles que adoctrinar para Cristo. La Conquista ni siquiera estaba prevista ni mucho menos programada, como era el caso de una expedición exploradora de nuevas rutas a las Indias orientales por el occidente. En contraste con la precisión del momento del descubrimiento, ni siquiera se puede señalar cuando comienza la conquista.  Ciertamente no con el primer viaje de Colón de muy distinta naturaleza.

Para su segundo viaje Colón recibe de los Reyes Católicos instrucciones precisas de tratar bien a los indios, pues no existía otra tarea que evangelizarles. Adoctrinarlos en la religión  cristiana, civilizarlos. Introducir tribus salvajes y pueblos de grandes culturas decadentes en una civilización emergente, como era el Renacimiento europeo. España lo hizo a lo largo de tres siglos, preservando vidas, culturas y estructuras sociales, en cuanto fue posible para los hombres de la época.

A través de la mezcla de pueblos y razas, exportando a un conjunto tan diverso el don precioso de la unidad lingüística y de la unidad política y una única religión de liberación espiritual por el amor a Dios y a sus semejantes. El papa León XIII habla de los designios de la Divina Providencia que han guiado “el hecho de por sí más grande y maravilloso entre los hechos humanos, y refiere que los españoles con la predicación de la Fe hicieron pasar una inmensa multitud a las esperanzas de la vida eterna”.

José Cabello Calvoi. Poeta. Escritor. Experto en Turismo. Especialista en cuestiones de literatura española.