Eduardo Calderon: 7.500 kilómetros por un mejor presente y futuro

Parte del grupo de viajeros en una parada entre Arica y Santiago. Foto cortesía de Francisco Castrillo

A las 4:15 de la tarde del jueves 25 de enero le puse la renuncia a mi jefe, Salvador Castillo. Ponía fin a una relación laboral de casi siete meses en el portal Noticiero52.com, donde laboré por casi siete meses como coordinador de deportes.

¿La razón de mi renuncia? No es diferente a los de decenas de miles de venezolanos en los últimos tres años. Me iba del país cansado de la crisis que nos agobia, cansado de hacer colas, de la escasez y comprar con sobreprecio los productos básicos gracias a la absurda política que imparten los desalmados que nos gobiernan.

Ya el sueldo de dos trabajos no me daba abasto para adquirir lo mínimo para poder vivir de manera decente. Pronto ya no podría seguir haciéndole mantenimiento a mi vehículo  por lo que me tocaría venderlo más temprano que tarde, como es el drama de muchos venezolanos ahora mismo.

La idea de irme del país ya la estaba sopesando con mi esposa Mónica desde hace tiempo, pero un contratiempo de salud me lo impidió en su momento. Luego de pasar las navidades me fui a Maracaibo para comenzar a trabajar con mi colega y hermano Heberto Alvarado, quien me ofreció algo interesante y muy bien pagado dentro de esta crisis, pero de pronto surgió la posibilidad real de dejar del país en búsqueda de un mejor presente y futuro para mí y mi familia.

Luego de hacerle la revisión al carro, el oficial de experticia que estuvo a cargo se interesó y en su maracucho característico nos dijo: “Mirá, me gusta el carrito, les voy a quitar el número telefónico porque mi hermano está buscando desde hace tiempo un carrito como este. Seguro que los llamo”, no sin antes preguntar cuánto pediríamos por el vehículo..

El hombre cumplió y a los dos días llamó. Nos citó en un lugar donde llevó al hermano y un mecánico a ver y probar el carro.

¿Cuándo haríamos el negocio?, pregunté yo.

Ahora mismo, respondió y tras marcharse a su casa nos trajo los billetes de la popular divisa extranjera.

Ya con los “verdes” en la mano, le dije a mi esposa “Es momento de irme” y estuvo de acuerdo.

Enseguida comencé a averiguar sobre servicios de tours por carretera y me decidí por Ninatours Virgen de Consolación por dos razones: partía desde Valencia y no tenía comentarios negativos por las redes sociales.

Entonces viajé para Valencia para dejar algunas cosas en orden antes de emprender la travesía hacia el sur de nuestro continente.

De acuerdo a la promoción, el traslado se realizaría en unidades cómodas tipo buscama,  con servicios de guías, aire acondicionado, wifi y al menos dos de las tres comidas diarias. Puedo decir que en lo primero y último cumplieron a cabalidad, eran buses con buenas butacas y suficiente espacio para estirar las piernas y, además de las  comidas, proveyeron algunas meriendas.

No puedo decir lo mismo del servicio de wifi, que fue muy irregular y en el último tramo, que fue de 32 horas entre Arica y Santiago de Chile, estuvimos prácticamente incomunicados al no tener el autobús conectores para cargar los teléfonos móviles, mientras que guías solo hubo hasta cuando arribamos a Piura, Perú.

El punto inicial de encuentro era en el Centro Comercial Metrópolis de Valencia el viernes 26 a horas del mediodía. Ante tanta aglomeración de gente pensé que serían muchos más los viajeros, pero la mayoría eran familiares que fueron a despedir a sus seres queridos.

Muchas lágrimas corrieron. Padres despidiéndose de sus hijos y viceversa, esposas de sus esposos, a novias de sus novios, además de hermanos, otros familiares y amigos.

El autobús, un buscama blanco de dos pisos, venía desde Caracas y Maracay donde recogió a varios viajeros. Aproximadamente a la 1:00 pm salimos de Valencia rumbo hacia San Antonio del Táchira con tres paradas para comer y recoger un último pasajero que abordó la unidad en Socopó, estado Barinas.

En pocas horas de viaje comenzó a formarse un grupo muy bueno entre quienes emigramos. Casi todos son profesionales universitarios que íbamos en búsqueda de lo que se nos niega en nuestro país.

Entre quienes compartí más figuraban tres ingenieros, un abogado, una contadora, un educador, un analista de sistemas, un despachador aéreo  y su primo, un experto en alarmas y cercos eléctricos, un exempleado de la construcción y un trío de muchachos provenientes de Naguanagua, uno de ellos barista, es decir, experto en realizar figuras en la espuma del café y con un corte de cabello que despertó la admiración de más de uno.

PASO DE LA FRONTERA COLOMBO-VENEZOLANA

Llegamos a San Antonio aproximadamente a las 6:00 am del sábado 27. Ya en la frontera con Colombia comenzó el suplicio que viven muchos venezolanos a diario cruzando el puente internacional Simón Bolívar que une a Venezuela con Villa del Rosario, una localidad muy cercana a Cúcuta.

La cola para sellar el pasaporte era larga aunque corría rápido. El drama era cruzar el puente con el “carruchero” contratado para llevar las maletas junto a varios cientos de personas que pasaban por lotes, todos acurrucados y casi sin espacio para moverse.

Me comentó un funcionario que no quiso ser identificado que aproximadamente 50 mil venezolanos cruzan a diario el puente, sin embargo el 95% van al país vecino a adquirir los productos que difícilmente se consiguen en nuestras tierras y horas más tarde se regresan.

Llegada al lado colombiano luego de una hora cruzando el puente. Foto cortesía Francisco Castrillo

Casi una hora tardamos en cruzar el puente y llegamos a un punto de descanso ubicado en la azotea de un hotel en Villa del Rosario, donde almorzamos y esperamos varias horas hasta que llegara el autobús para continuar el viaje.

Hasta este punto llegó la atención del personal de Ninatours. Sus guías, en especial Jackeline García, al igual que la presidenta de la compañía, Geraldine Camacho, fueron muy atentos.

Camacho señaló que es oriunda de Táriba, estado Táchira, y muy devota de la Virgen de la Consolación, por ello el nombre de la compañía que ha ido en crecimiento en los últimos meses.

Fueron subcontratadas otras compañías para el resto del viaje y para el tramo entre Cúcuta y el Puente Internacional de Rumichaca, en la frontera de Colombia con Ecuador, se encargaría Travesías con la simpática Katherine Velásquez como guía.

Velásquez es nativa de Medellín y orgullosa hincha del equipo Atlético Nacional, dos veces campeón de la Copa Libertadores de América. Fue muy atenta y explicativa a medida que atravesábamos 13 departamentos del hermano país hasta Ecuador, donde llegamos el lunes 29 a las 6:00 de la mañana.

Durante el largo recorrido observé paisajes hermosos de montaña en su mayoría, cruzamos el puente sobre el río más importante del país, el Magdalena, y observamos grandes plantaciones de café, así como también inmensos sembradíos de arroz y caña de azúcar en las  pocas partes planas.

En cierto tramo estábamos a más de 5.000 mil metros, más alto que la cima de Venezuela que es el pico Bolívar, aunque también pasamos por grandes ciudades como Manizales, Pereira y Tolima, además de bordear a Cali.

Cruce del Río Magdalena, el más importante de Colombia. Foto cortesía Francisco Castrillo.

Velásquez lamentó que el cielo no estuviera despejado para que los viajeros pudiéramos contemplar la belleza del volcán Nevado del Ruiz, la tercera montaña más alta de Colombia, cuya erupción en 1985 causó lo que se conoce como la “Tragedia de Armero”.

ECUADOR

Ya en Rumichaca y bajo un intenso frío mañanero, unos 7 grados centígrados, esperamos en Migración Colombia para sellar la salida del país para luego cruzar el puente hacia Migración Ecuador para la entrada. Por ser los primeros en llegar la espera en la fila solo duró aproximadamente media hora para salir del territorio neograndino, pero fue de casi hora y media para nuestra entrada legal en la tierra de la “mitad del mundo”.

Llegada a Ecuador. Foto cortesía Francisco Castrillo

Allí un viajero, uno de los muchachos de Naguanagua, confrontó problemas con su documentación. Meses antes salió de Venezuela a Colombia sellando su pasaporte, pero cuando  regresó a nuestro país tras vencerse el plazo otorgado lo hizo con el carnet migratorio y no con el documento de rigor, por lo que no quedó registrado su salida del hermano país.

Tuvo que pagar 120 dólares para que le sellaran el pasaporte y poder entrar a Ecuador por lo que debió pedir prestado a sus otros dos compañeros de viaje.

Por otro lado mientras hacíamos la fila para sellar la salida de Colombia y luego la entrada a Ecuador, conocimos a un par de “mochileros” que ya tenían 17 días andando en bicicleta partiendo desde Bogotá. Su destino era Guayaquil donde iban a conocer al mar según nos contaron.

Poco después en Migración Ecuador llegó nuestro siguiente guía (si es que se puede llamar así), a quien nada más conocimos como Iván, un personaje seco y poco atento. Nos montamos en varias camionetas tipo “van” que nos trasladaron hasta el terminal de la localidad de Tulcán para continuar con nuestro viaje.

En Tulcán, donde algunos viajeros tomaron rutas a otros lugares, abordamos un bus de la compañía San Cristóbal, adscrita a otra llamada “Suramericana” con destino hasta Guayaquil. En apariencia era una unidad con todas las comodidades, pero durante el viaje noté que no estaba en su mejor condición.

Vi que uno de los cauchos delanteros no tenía suficiente aire, los frenos olían, en las subidas el chofer tenía que apagar el aire acondicionado para que el bus agarrara fuerza y le estaba sonando la caja de velocidades, sin embargo llegamos a nuestro destino sin que nada malo ocurriera tras 12 horas de recorrido.

Poco después de partir el bus pasó por una alcabala donde la policía revisó la documentación de todos los viajeros. Allí nuevamente el muchacho de Naguanagua tuvo problemas porque los funcionarios notaron una irregularidad en el sello de su salida de Colombia que dañaron su pasaporte y le “matraquearon” otros 20 dólares para “hacerse la vista gorda”.

Durante el paso por la ciudad capital, Quito, el chico naguanagüense tuvo que quedarse para acudir a donde un conocido porque luego de los pagos inesperados ya no le daban las cuentas para mantenerse sin contratiempos en su destino final original, Puerto Montt en el distrito de Los Lagos, al sur de Chile.

Al igual que en Colombia, el paso por Ecuador fue casi todo montañoso aunque los paisajes eran más espectaculares, sobre todo la vista de las cumbres nevadas. Los barrancos eran inmensos, intimidantes aunque hermosos.

Tanto en Colombia como en Ecuador la vialidad era excelente. Las carreteras y autopistas estaban en óptimas condiciones, recién asfaltadas y con buena demarcación.

Apenas llegamos a Guayaquil en horas tempranas de la madrugada del martes 30 nos estaba esperando la unidad que nos iba a trasladar hacia Piura, Perú, por lo que partimos de inmediato.

PERÚ

En cinco horas llegamos a Huaquillas, justo en la frontera entre Ecuador y Perú.  En  un mismo sitio funcionan las migraciones de ambos países. En una taquilla sellan la salida de la tierra de la “mitad del mundo” y justo en la de al lado la entrada a territorio del antiguo imperio “inca”.

Tras esperar unas dos horas retomamos la ruta a Piura, unas seis horas más de viaje por toda la costa peruana entrando por Tumbes.

Casi todo el trayecto entre Arica hasta Santiago, más de 30 horas, es puro desierto. Foto cortesía Francisco Castrillo

El paisaje cambió. Ya no era montaña, todo era costa y luego desierto. Por primera vez en mi vida vi el majestuoso Oceano Pacífico, el más  grande de nuestro planeta, pero lamentablemente los pueblos playeros están muy descuidados con la mayoría de las calles de tierra, hoteles feos y casas casi que cayéndose, muy poco atractivo para el turismo.

A diferencia de Colombia y Ecuador, la vialidad hacia Piura es terrible, abundan los huecos y fallas de bordes por lo que lo hace peligroso. Urge que en esa parte del Perú las autoridades hagan un “cariñito”.

Ya en Piura, destino final para otro número de viajeros,  nos encontramos con la noticia que nuestra conexión a Lima a través de la compañía Tepsa salía al día siguiente, el miércoles 31 de enero, por lo que debíamos pernoctar allí.

Nuestro siguiente y último guía, Alaín García, arregló para que todos nos hospedáramos en un anexo de tres habitaciones pagado por Tepsa, pero algunos viajeros prefirieron ir a hoteles cercanos para mayor comodidad. En lo que a mí respecta me tocó dormir en el piso arropándome apenas con la toalla.

Piura me pareció poco impresionante. Lo que me llamó la atención fue la gran cantidad de moto taxis que circulan por sus calles, la mayoría polvorientas en el sector en que estábamos. Tuvimos tiempo en la noche para reunirnos algunos viajeros y compartir unas “frías” de la marca Cristal, la más importante de Perú.

En la tarde del miércoles arrancó nuestro viaje a la capital de la nación “inca”, Lima, otras 18 horas más de recorrido por la costa en carreteras que no estaban en su mejor condición.

A Lima llegamos en horas de la mañana del jueves 1ero de febrero y nuestra conexión a Tacna, cerca de la frontera con Chile, arrancaba en la tarde, por lo que tuvimos un margen de tiempo para visitar un par de centros comerciales, entre ellos La Rambla, uno de los más importantes de la ciudad.

La capital peruana me pareció bonita, con muchas similitudes a Caracas, aunque más limpia y mejor distribuida. Aquí se quedó un grueso número de viajeros, por lo que continuaban solo los que llegábamos a Santiago, los dos naguanagüenses que iban a Puerto Montt y dos caraqueños cuyo destino era Córdoba, Argentina.

Tras conocer lo que pudimos de Lima abordamos el siguiente autobús, también de la compañía Tepsa, hacia Tacna, 18 horas más de viaje por el desierto peruano. Me llamó muchísimo la atención que en algunos sitios entre lo árido del ambiente habían grandes sembradíos de arroz.

CHILE

En Tacna abordamos de inmediato otra unidad que nos llevaría a las migraciones de Perú y Chile a una media hora de distancia, un sitio similar al de Huaquillas, donde en una taquilla sellan la salida de un país y justo al lado la entrada al otro.

Luego de las preguntas de rigor hechas por el funcionario, finalmente llegué a Chile, aunque todavía faltaba un tramo, el más largo hacia mi destino final.

Ya con todos los pasaportes sellados de los viajeros nos llevaron al terminal de Arica, donde haríamos la última conexión. Tras esperar varias  horas el autobús de Expresos Norte arrancaba a las 11 de la noche del viernes 2 de febrero y tenía previsto su llegada a Santiago a las 6 de la mañana del domingo 4, es decir, 31 horas más de viaje, afortunadamente las últimas.

El trayecto a la capital chilena fue monótono. Casi todo el tiempo en línea recta en medio del desierto. Pocos paisajes para ver en realidad.

Como en las últimas dos conexiones en Perú, las comidas nos las daban dentro del autobús, era parte del servicio contratado y las paradas eran breves períodos para que los viajeros pudieran ir al baño y hacer pequeñas compras.

Finalmente el domingo a las 7:00 am, una hora después de lo previsto, llegamos a Santiago. Ciudad en el que buscaré un nuevo comienzo para mí y mi familia.

Fueron más de 7.500 kilómetros recorridos en 10 días atravesando cinco países para llegar hasta aquí. Con el favor de Dios pronto mi familia estará acá conmigo reunida nuevamente, como debe ser.

Eduardo Calderón